Lunes 30 mayo
Lunes del Rocío. Vivimos en una comarca que mantiene su tradición rociera y eso se nota en la menor afluencia al centro de salud, como si esta semana no hubiera tanta necesidad de ir al médico.. Reviso varias pacientes con tos persistente que han mejorado con tratamiento antihistamínico. Me traen varios informes de pruebas realizadas en consultas privadas. Cada vez es más frecuente que pacientes decidan contratar seguros médicos privados, que se hagan pruebas, y que después nos la traigan para ver nuestra opinión o para que le recetemos el tratamiento indicado. Hace unos años me negaba en redondo. Informaba que no podíamos prescribir medicación prescrita en la sanidad pública. La situación actual, con la demora inasumible en nuestro hospital de referencia para pruebas y consultas, hace que sea mucho más flexible. Valoro las pruebas, leo los informes y si veo coherencia prescribo el tratamiento.
A mitad de la mañana atiendo a la hija de Josefa, paciente de 87 años. Solicita informes de la medicación y los diagnósticos de su madre, a la que van a ingresar mañana en una residencia, sin que ella lo sepa....Me comenta que no pueden más, que su madre tiene un trato muy difícil, siempre lo ha tenido, que no hay quien la aguante. En unos meses ha tenido siete cuidadoras internas, y ninguna ha durado más de 2 semanas. Conozco a Josefa. Es una mujer muy exigente, que siempre ha hecho lo que ha querido y y quiere seguir haciéndolo, sin ser consciente de su fragilidad actual. Presenta deterioro cognitivo moderado y varias fracturas lumbares debido a su osteoporosis. No puede caminar, pero cuando no están sus hijas, las cámaras, que ellas le han puesto para vigilarla, la graban deambulando por la casa sin muchas muestras de dolor. Las hijas le han dicho que la llevan a una clínica para que la traten del dolor y en unos días podrá volver a casa. Josefa mantiene su capacidad de raciocinio y me temo que no va aceptar el engaño. Manifiesto mis dudas éticas al respecto, sobre la pérdida del principio de autonomía en situación de fragilidad, pero entiendo a la hija; sus dos hermanas viven en otras Comunidades y ella es la única que está cerca, tiene marido e hijos y trabaja fuera de casa....Percibo que está sufriendo también la situación y que no ve otra opción.
Me despido de Juan, de Carmen, de Manuela En todos ellos veo cariño y agradecimiento en su despedida....
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